Las confederaciones hidrográficas, ejemplo de cooperación en la Gobernanza del Agua

Participantes en la Jornada Innovar la Gobernanza del Agua.

Se cumplen 100 años del I Congreso de Riegos. Tenía lugar en el edificio del Paraninfo, en Zaragoza, en 1913. Allí se establecieron unas primeras metas en la Gobernanza del Agua. Se habló de nacionalización de obras hidráulicas, de exportar producciones agroalimentarias y se sentaron las bases para el nacimiento de las confederaciones hidrográficas. 100 años más tarde, la sede de Bantierra en Zaragoza acogía este 14 de junio la jornada “Innovar la Gobernanza del Agua”.

La importancia de los usuarios en la gestión del agua, el relevante papel que han jugado y siguen jugando las confederaciones hidrográficas, la nueva relación Estado-sociedad civil (que está naciendo con la actual crisis económica), el medio ambiente como novedad respecto a hace un siglo,… son temas que eran abordados en este foro de debate organizado por el Partenariado del Agua, con la coordinación del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Aragón, Navarra y País Vasco.

El decano de este colegio profesional, Joaquín Olona, recordaba cómo en 1913, en el citado I Congreso de Riegos, ya se habló de la Gobernanza del Agua. Allí participaron los usuarios de este recurso y de allí nacieron las confederaciones hidrográficas, siendo la del Ebro la primera del mundo en constituirse.

Antonio Fanlo, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de La Rioja, aludía a Manuel Lorenzo Pardo como alma mater de las confederaciones y calificaba a éstas como “ejemplo de cooperación entre el Estado y los usuarios del agua”. Dice que “las confederaciones hidrográficas son el gran patrimonio institucional español”.

César Trillo, presidente de la Federación de Regantes del Ebro y presidente de Riegos del Alto Aragón, era contundente al afirmar que las confederaciones son “imprescindibles”. Decía: “Si no existieran, habría que crearlas”.

Otro presidente de comunidad general, Ángel Lasheras (del Canal Imperial de Aragón), incidía en la importancia de estos organismos para gestionar el agua, y llamaba la atención sobre posibles tentaciones de cambiar radicalmente el modelo de gestión. Dice: “Las confederaciones hidrográficas han funcionado bien durante décadas, ¿por qué cambiar ahora el modelo?”. Y añadía: “No hables mal del puente hasta haber cruzado el río”.

La unidad de cuenca era defendida en esta jornada de debate, mientras se criticaba la regionalización de la gestión del agua. César Trillo hablaba de “excesivo guirigay el provocado por las autonomías”. Se ha tenido que diseñar nada más y nada menos que 25 planes de demarcación en España. Se puede caer en la situación que vivió en Italia, en el río Po. César Trillo contaba cómo había visto problemas de escasez de agua en el Delta del Po mientras en la cabecera del río había embalsados miles de hectómetros cúbicos. La gestión allí estaba regionalizada; ésa era la causa del problema.

También se citaba la experiencia de Estados Unidos, con ríos que pasan por distintos estados y que no están gestionados como en España. La judicialización de los conflictos es algo cotidiano.

Josefina Maestu, coordinadora/directora de la Oficina ONU para la Década del Agua, apuntaba que el 40 por ciento de la población mundial se encuentra en cuencas transfronterizas, por lo que es esencial establecer marcos legales que permitan la existencia de foros de entendimiento.

El marco legal en España y en Europa está claro: La Ley de Aguas de 1985 y la Directiva Marco del Agua (año 2000). A ellas hacía alusión Antonio Embid, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Zaragoza. Dice que “el hombre a veces no sabe ver lo elemental”, en el sentido de que en las últimas décadas se han realizado tres grandes descubrimientos: “Que el agua es un recurso natural, que es un bien económico y que en torno al agua gira un derecho humano (algo muy importante para el Tercer Mundo)”.

Y añade que la relación entre el Estado y la sociedad civil está cambiando durante la actual crisis económica. Un cambio que va a provocar que esa relación no se parecerá en nada a la relación que había en 2008, antes de entrar en la crisis. Va a haber mayores exigencias en recuperación de costes y mayores exigencias en la gestión del agua.

José Manuel Penella, secretario general de UAGA, aludía a los usuarios del agua (los regantes) en el sentido de que deben ser conscientes de que gestionan un medio de producción. Y añadía: “El regadío es la forma más ecológica de producir alimentos”.

El medio ambiente. En 1913 no se hablaba de él. Había otras preocupaciones. Ahora sí entra en la Gobernanza del Agua. Lo reconoce Xavier de Pedro, presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Cualquier planificación hídrica debe hacerse teniendo en cuenta el caudal ecológico de los ríos y la calidad del agua.

José Luis Castellano, delegado en Zaragoza del Colegio de Ingenieros Agrónomos, resumía lo que debe ser la Unión Europea en el contexto mundial: “Debe contribuir en los próximos años al incremento en la producción de alimentos para atender la creciente demanda mundial; además, de forma sostenible. Y con transferencia de conocimiento al resto del mundo”. Es hacia donde va la agricultura del futuro: Producir más con menos, y de forma respetuosa con el medio ambiente.

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