Ramón J. Sender: ´Los riegos y la prensa. Viendo las obras de los grandes riegos (IV)´

Barriada de La Cierva (9 de mayo de 1922).

Diario del Campo publica el reportaje “Los riegos y la prensa. Viendo las obras de los grandes riegos”. Fue escrito por Ramón J. Sender y publicado en seis entregas por el diario La Tierra en mayo de 1922. Este material periodístico surge del viaje organizado por Jorge Jordana, presidente de la Junta Social de Riegos del Alto Aragón, para recorrer los trabajos de construcción de la presa de Ardisa, embalse de La Sotonera, Canal de Monegros, Acequia de La Violada,… Hoy cuarta entrega.

EN LA PRESA DEL GÁLLEGO.

EL MISTERIO DE UNOS CONDUCTORES DE ALTA TENSIÓN

Nos asomamos al profundo barranco, con honores de precipicio, entre cuyas laderas rocosas se moldea la cinta azul, impetuosa, del Gállego, y damos vista al sugestivo espectáculo de la presa.

Las obras andan ya muy adelantadas y dejan ver sobre la gradería monumental de los costados la gentileza de cuatro grúas altísimas que ponen en el espacio cuatro signos ortográficos de admiración. Es la presa de derivación del canal del Gállego que ha de alimentar la insaciable ambición del pantano de La Sotonera.

Hasta la mitad del lecho fluvial se levanta pesada, dificultosamente, algunos metros sobre las aguas. Lenta labor de cíclopes, de una solidez sencillamente maravillosa, que tendrá cima cuando alcance la altura de 34,14 metros y el volumen de 83.400 metros cúbicos. Su coste total se presupuso en 6.730.000 pesetas, cifra que nos atrevemos a considerar limitada en relación con la asombrosa magnitud de la empresa.

Pero desde arriba no puede uno formarse idea cabal de los trabajos y siguiendo el ejemplo de otros compañeros descendemos por una interminable escalera de cemento hasta la misma orilla del río. Una vez abajo, sorteando difícilmente la urdimbre de carriles sobre los cuales las vagonetas se deslizan llenas de hormigón y piedra, penetramos en el puentecillo provisional que conduce a la parte de presa en edificación.

Es un puente hecho, como todo lo accidental, deprisa y sin el esmero de los detalles estéticos. Cuatro arcadas semicirculares, de una enorme sencillez, le prestan cierto aire de viaducto romano.

Junto a la majestad de la presa, se da idea cabal de su insignificancia hasta el extremo de que tememos verlo, en un instante, desaparecer bajo las aguas, avergonzado por el contraste, diciendo en su azoramiento: "Perdonen, señores, yo no tengo la culpa. Es el señor Ríos Martín quien me ha hecho así".

Lo pintoresco llega cuando ya nos aproximamos al gran muro escalonado y comenzamos a andar por él. En nuestro camino se atraviesan tres gruesos alambres de conducción de fluido con el cual suponemos que se acciona una de las grúas. Desde el más bajo hasta la escalinata queda un espacio de medio metro, por donde tenemos que pasar para llegar arriba.

Todos nos detenemos y miramos desconfiados los conductores. No las tenemos todas con nosotros, máxime cuando observamos que a pocos pasos penetran en el misterioso mecanismo de la grúa y se pierden en la oscuridad de un extraño aparato que conmueve el ánimo más sereno con broncos zumbidos metálicos.

El caso es que no hay otro camino para la ascensión y que los dos o tres compañeros que vemos arriba han debido de pasar por este terrible trance.

Nadie se decide. Por fin Royo tiene un arranque de intrepidez, acordándose de que en sus mocedades fue boy-scout y se adelanta entre la admiración de todos. Al inclinarse para pasar, varias voces gritan a un tiempo:

- ¡Eh, Royo! ¡Cuidado!

El héroe retrocede, mira los cables y al ver que no pasa nada vuelve el rostro, lívido del susto, y con gesto gallardo salva el peligro.

Después nos recuerda por enésima vez que ha estado dos años en Suiza dedicado al alpinismo. Si es así, nos explicamos que no les tuviera miedo a los misteriosos alambres de conducción.

EL VALOR DEL TIEMPO

A través de los menores detalles de organización de las obras que vamos visitando se observa la transcendental importancia del tiempo, su elevada cotización en estos mercados de la actividad.

La abundante distribución de los teléfonos en los albergues, en las casas de los ingenieros, en todos aquellos lugares cuyos moradores tienen alguna vez necesidad de recibir o dar noticias de otros sectores de las obras; los ferrocarriles del servicio, la ingeniosa conducción de los materiales por canales de zinc o de madera hasta el lugar preciso en donde han de utilizarse y sobre todo las máquinas excavadoras, alarde genial de la mecánica moderna, dan idea de lo que el tiempo significa en estos trabajos encerrados por su magnitud en la ficción de una falsa lentitud.

De la rapidez con que se llevan a cabo las obras -una rapidez sin apresuramientos, ordenada- será buen botón de muestra el detalle de los trabajos de excavación que vimos realizar con las referidas máquinas.

En el fondo del canal se instala sobre carriles la cámara de dirección de la excavadora con sus calderas y caja de distribución del vapor. De ella surge un brazo de grúa de cuyo extremo pende por cables y poleas el depósito excavador armado de cuatro grandes dientes de acero, articulado todo al mecanismo central y accionado por la caja de distribución.

Desciende el depósito hasta el fondo del canal, frente al desnivel que se trata de excavar y animado por el impulso de los brazos de articulación se clavan los dientes en el terreno y se llena de tierra el depósito merced a un pequeño movimiento de elevación.

Después es la grúa quien se encarga de llevar los escombros, abre el tren de vagonetas y una palanca sobre el fondo del depósito y precipita sobre ellas la carga. Todo en algunos segundos.

Por este procedimiento se llena de tierra un tren de veinte unidades en diez minutos, verificando al mismo tiempo una labor de excavación que invertiría el esfuerzo de treinta picos.

ALBERGUES, VIVIENDAS Y COMUNICACIONES

Al llegar a los albergues de Tormos, a las casas de los capataces, auxiliares y demás empleados nos sale al paso la inocente impresionabilidad de los obreros en un rótulo pimpante que reza: "Barriada de La Cierva", con el que agradecen al exministro de la Guerra la visita que no ha mucho les hizo.

Estos obreros vieron en ella el deseo de satisfacer una curiosidad que tiene algo de noble admiración y se atribuyen con no poca justicia el indiscutible derecho de esa curiosidad y de esa admiración.

El señor La Cierva fue a ver si, realmente, no era cosa de cuento lo que decían de los Riegos del Alto Aragón y lo que vio y lo que admiró llevaba una buena parte de las energías de estos obreros a los que correspondía mucho del asombro ministerial.

Halagados en su amor propio y orgullosos de la visita, han dedicado al ilustre político de Murcia la mejor barriada. Deberes de correspondencia.

Los albergues que vamos visitando son capaces para cien obreros. Constan de todos los departamentos precisos para las necesidades domésticas, instalados con gran conocimiento de las reglas de higiene.

Estos albergues se dedican a "hombres solos" sin el aditamento de la familia. Para éstos es suficiente un dormitorio colectivo con abundante ventilación, tan espacioso como requiere el número de los alojados.

Disfrutan los obreros de luz, calefacción, retretes, agua, fogones, guardarropa, etc., por cinco céntimos diarios que se les excluyen del jornal. Realmente, no puede ser más económico.

Pero no hay que confundir con los albergues las viviendas. Éstas son para trabajadores que por su carácter de permanencia en las obras viven en ellas con sus familias. La más reducida consta de tres dormitorios para matrimonio, hijos e hijas y además tiene su retrete, cocina y despensa.

El conjunto, con los tajos donde cada cual hace su trabajo, compone lo que estos señores llaman con toda propiedad un campamento. Las viviendas y los albergues, forzosamente aislados, se relacionan con los campamentos mediante los ferrocarriles de servicio y por buenos caminos carreteros, manteniéndose además la intercomunicación por medio de la red telefónica.

Estamparemos aquí tres importantes datos a propósito de la transcendencia de las obras de comunicación. El ferrocarril de servicio tendido desde la estación de Tardienta hasta la presa del Gállego recorre 38 kilómetros. Los caminos construidos en el triángulo que limitan Almudévar, Ardisa y Gurrea de Gállego suman 75 kilómetros y, finalmente, la red telefónica comprende 209 kilómetros de línea con cuatro centrales y 35 aparatos.

D. INOCENCIO JIMÉNEZ. ESCUELAS, COOPERATIVAS, SANIDAD

Cuando nos disponemos a visitar las escuelas, llega el catedrático de la Facultad de Derecho, de Zaragoza, don Inocencio Jiménez, uno de los muchos valiosos elementos con que cuenta la Junta social de Riegos, nombre indispensable por su legítimo prestigio en todas las propagandas sociales de las derechas católicas y selecto conversador que ameniza con sus oportunos comentarios cuanto vamos viendo en esta pintoresca colonia obrera de Tormos.

Conocedores de su paso por Tardienta para asistir a la sesión que la Junta celebraba en Huesca el domingo, organizadores e invitados coincidieron en el deseo de que se destacara un automóvil para recoger al señor Jiménez en la estación e incorporarlo a los excursionistas. Un verdadero secuestro que tiene la delicadeza de considerar honroso y grato.

Penetramos en los locales de escuelas, tan pulcros, tan extremadamente cuidados e higienizados como todo lo demás. En el que se destina a párvulos saludamos a la bella señorita Baltasara Tornil, joven maestra de una exquisita feminidad que se denuncia en los más ligeros detalles de la escuela.

Los niños celebran, durante estos días, las fiestas de la Inmaculada, las flores de Mayo y en uno de los costados del local las manos de la señorita Tornil han dispuesto, para la mayor propiedad del culto, una amplia litografía de la Virgen, rodeada de flores y hojarasca que diluyen en el ambiente un aroma de religiosidad y de paz.

Salimos excelentemente impresionados, visitando seguidamente uno de los despachos de la cooperativa obrera de consumo y la estación sanitaria.

Nuestros acompañantes van facilitándonos datos. Hay siete expendedurías cooperativas, distribuidas estratégicamente por albergues, viviendas y pueblos, en Tardienta, Almudévar, Alcalá, Valparaíso, Violada, Tormos, Puipullín y Biscarrués, cambiándose de lugar o creándose nuevas a medida que avanzan los trabajos.

Todos tienen alguna noción de lo que es una cooperativa de consumo; por tanto, no tendría objeto una descripción detallada de estos servicios. Baste hacer constar que los obreros, percatados de que por medio de la cooperación llegan más amortiguadas las brusquedades de los mercados libres, las alzas insospechadas y repentinas, y de que se les pone a salvo de los abusos del comercio desaprensivo percibiendo por un coste mínimo artículos sin adulteraciones ni normas de peso, acogen satisfechos el régimen.

La estación sanitaria, repleta de productos químicos y de material de desinfección, es otro elocuente detalle para juzgar la ardua labor organizadora del ingeniero jefe. Se nos explica detalladamente el régimen preventivo contra la infección palúdica y cuando un compañero pregunta cuántos casos de paludismo se han producido en el año actual, el encargado nos dice que tan sólo uno y con caracteres benignos.

- Está convaleciendo y pasado mañana se le dará el alta.

En unos terrenos amenazados constantemente por el peligro de los focos infecciosos que se producen allí donde hay agua estancada y calor, siquiera tan sólo por unas horas, este dato es el comentario más favorable para la gestión de una dirección celosa de la salud de sus subordinados.

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