Cambiar el chip en el uso de herbicidas: De ser lo primero a pasar a último remedio

Cambiar el chip en el uso de herbicidas: De ser lo primero a pasar a último remedio

Es la esencial del artículo escrito por Gabriel Pardo, investigador de la Unidad de Información y Documentación del Centro de Investigación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón (CITA). Se titula “Los herbicidas: ¿Han llegado a su límite en el control de las malas hierbas?”. Ha sido seleccionado por la Unidad de Información y Documentación del CITA.

Enumera algunas de las quejas que llegan al Centro de Sanidad y Certificación Vegetal de Aragón y al Laboratorio de Malherbología del CITA. Son éstas:

Vallico (Lolium rigidum) y avena loca (Avena spp.) que sobreviven a los herbicidas antigramíneas en campos de cereal; arrozales llenos de milleta (Echinochloa spp.) en septiembre pese a realizar tratamientos herbicidas hasta en tres momentos del ciclo del cultivo; sarrachon (Sorghum halepense) que sobrevive, en campos de maíz, a tratamientos herbicidas con los que antes moría fácilmente; y coniza (Conyza spp.), que continúa lozana en cultivos leñosos tras varias aplicaciones de herbicida”.

Gabriel Pardo indica que los casos de resistencias en malas hierbas se producen cada vez más fecuentemente: “En este momento hay 495 casos de resistencias a herbicidas en todo el mundo, que afectan a 255 especies de malas hierbas (Heap 2018); en España ya hay registrados (desde 1981) 36 casos de resistencias, que afectan a 28 especies diferentes de malas hierbas”.

También señala que “la legalización de nuevos herbicidas es mucho menor que el número de aquellos que se dejan de comercializar”.

Gabriel Pardo concluye: “Además de que los casos de resistencia cada vez son más frecuentes, los productos autorizados cada vez son menos y, además, como no puede ser de otra manera, cada vez son menos agresivos con el entorno, con lo que suelen ser más específicos y, como dicen los agricultores, matan menos”. 

De cara al futuro este investigador del CITA apunta que “los productores deberán diseñar y gestionar sus explotaciones teniendo en cuenta la posible afección de las malas hierbas: Rotaciones en las que se incluyan cultivos donde las especies más problemáticas resulten vulnerables, por sacarlas fuera de ciclo biológico, por ser eliminadas por labores preparatorias, por competencia por el propio cultivo, o incluso por existir un herbicida más eficaz y selectivo”.

Y añade: “Quizás habrá que cambiar el chip y no pensar en primer lugar en los herbicidas a la hora de controlar las malas hierbas sino quizás en usarlos en penúltimo o último lugar, si no se pueden usar otras técnicas”.

Plantea que “en caso de usar herbicidas se deberán monitorizar, y si es posible prever las emergencias, conocer la biología y los estadios fenológicos de las malas hierbas para efectuar los tratamientos en el momento preciso”.

Como conclusión general, Gabriel Pardo asegura que “los productores (si no es por convencimiento será por condicionantes legales y/o por consumación de hechos de falta de eficacia) deberán implantar estrategias de control en las que los herbicidas jueguen un papel más secundario y menos predominante que en la actualidad”.

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